Peso: 90.5 (-11.1)
Días para la maratón: 47
"Oh Dios esta adicción a los carbohidratos tienen un efecto secundario: ¡la envidia! Debo dejar de comerlos. T.Q.M. Maru, la bruja envidiosa".
El texto que encabeza esta entrega lo escribió María Eugenia, una amiga de mis tiempos de universidad.
Por aquellos años, cuando les iba a contar a mis amigos algo relacionado con ella, me refería a "la mujer más bonita del mundo" y todos sabían inmediatamente de quién les estaba hablando. Internet todavía no había llegado a nuestras vidas, por lo tanto, no podía sustentar mis palabras con imágenes.
De modo que mis amigos me creían y suspiraban imaginándose la belleza de María Eugenia y envidiando mi suerte por tener no solo de compañera de estudios sino también de amiga a esa hermosura de mujer.
No sé si le conté esto a María Eugenia alguna vez, pero ya era hora de que se enterase.
Hoy, gracias a las redes sociales, me doy cuenta de que a sus 30 y tantos María Eugenia puede -con sobradas razones- seguir llevando el título que yo le di.
Sin embargo, ella dice que me envidia.
Por un lado me halaga el piropo, sobre todo viniendo de la mujer más bonita del mundo. Por el otro, podría hacer una reflexión sobre la diferencia entre estar delgado y estar sano, pero de eso se encarga gente que sabe mucho más que yo del tema.
Finalmente, Maru, si crees que tienes que adelgazar (a pesar de que tu belleza permanece inalterada por los años), no tienes que dejar de comer ni carbohidratos, ni grasas, ni proteínas.
Al contrario, tienes que seguir comiendo de todo. Los carbohidratos, sobre todo, son los que te van a dar la fuerza de voluntad -que también dices que me envidias- para perder esos kilos que tú crees que te sobran. Insisto, a mi me parece que no te sobra nada, pero en fin.
Antes de conocer a María Eugenia, compartí unos años de secundaria con Amelia. Ella era mi amor secreto. Tan secreto que nunca le dije nada. No porque no quisiera, sino porque me quedaba mudo ante su presencia. Es decir, no podía hablar. Punto.
Todavía recuerdo la marca de perfume que utilizaba y hasta hoy, cuando siento ese aroma en alguna mujer, suspiro con nostalgia por aquellos años.
Como suele pasar en estos casos, ella empezó a salir con mi mejor amigo, así que lo que yo pudiera sentir quedó, además de silenciado, sepultado en nombre de la amistad.
También. Si no se enteró antes, se está enterando ahora.
Por una de estas carambolas a tres bandas que ocurren en Facebook, esta semana me conecté con ella después de casi 25 años de no vernos ni saber el uno del otro.
Y de pronto me acordé que Amelia siempre me decía: "si adelgazas un poquito vas a ser un bombón".
No sé si con un cuarto de siglo más a cuestas se cumplirá el pronóstico, pero ese recuerdo es un gran estímulo para seguir con este esfuerzo.
Como es un estímulo también el correo que me manda mi amigo Juan Cruz Sanz, joven figura del nuevo periodismo argentino.
"¡Voy abrir una sucursal! Me convertí, sin quererlo, en un eterno inscripto a las maratones que, por h o por b, nunca corro. Con algunos años menos y con un poco menos de kilos, asumí un desafío...!"
Bueno, se imaginan el resto. Juan va a correr una carrera de fondo y para lograrlo tiene que perder unos cuantos kilos.
Ánimo, Juan, y, por supuesto, cuenta conmigo para lo que quieras.
Ahí está. La envidia de María Eugenia y dos historias más.
Hasta la próxima.